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Gabriel Silva Luján
Puntos de vista

El plebiscito de octubre

Las elecciones tienen varias caras. Obviamente cumplen la función institucional de permitir escoger democráticamente las autoridades del nivel nacional, departamental y local en las ramas ejecutiva y legislativa. Es decir, les permiten a los ciudadanos decidir quiénes quieren que los gobiernen. Además de esa tarea esencial, las elecciones -todas sin excepción- también desempeñan un papel decisivo en el proceso político. No solo se decide entre nombres y candidatos.

Las elecciones son un megáfono a través del cual se proyecta el sentimiento colectivo. No obstante los ciudadanos votan por candidatos, también con su voto se manifiestan claramente sobre cómo sienten la situación del país. Por ejemplo, en las recientes elecciones de Congreso en los Estados Unidos, cuando todo el mundo esperaba que los republicanos arrasaran, el Partido Demócrata y el presidente Biden pudieron contener la marea “trumpista”. Este resultado se interpreta como un voto de confianza a Biden y un rechazo de los ciudadanos a la ofensiva contra las instituciones democráticas y contra los derechos individuales por parte de la extrema derecha estadounidense.

El 78 por ciento de los ciudadanos votaron a favor de cambiar la Constitución chilena mediante una Convención Constitucional. Y después, quién lo creyera, el 62 por ciento rechazó el nuevo proyecto de Constitución política que produjo esa misma convención. La derrota para el gobierno -que respaldaba la aprobación del proyecto presentado- fue inmensa. Esto demuestra que no se puede decir que la voluntad del pueblo queda sellada in aeternum con una elección, por más abrumador que parezca el resultado inicial.

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