
El feminicidio de Erika Aponte fue una muestra más de la incapacidad del Estado para proteger a las mujeres, pero también de una sociedad indolente, unos medios de comunicación irresponsables, una clase política mezquina y unas autoridades que, en vez de asumir responsabilidades, se lavan las manos.
Parece increíble que en un país en el que el año pasado se registraron 614 feminicidios, se le siga llamando a este delito “crimen pasional”. Increíble es también que haya personas que digan que el feminicidio no existe –hasta Rodolfo Hernández lo dijo cuando era candidato presidencial– y que el término es un invento de las feministas que odian a los hombres.
El delito de feminicidio existe en el Código Penal colombiano desde el año 2015:
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