
Uno de los temas de mi primera semana de clases de inglés fue el dinero, los términos que se usan en la cotidianidad o de manera más formal para referirse a la gente muy adinerada o empobrecida, las distintas formas de nombrarlo, expresiones asociadas a los bancos, créditos, asuntos económicos, cómo decir que uno no tiene cómo llegar al fin de mes o hacer chistes para que pague el amigo que más tenga. Yo, que soy la estudiante más lenta, atrasada y con frecuencia la mayor de la clase, me arriesgo y participo en las discusiones con mis compañeras que regularmente son jovencitas de no más de 22 años y tienen niveles más avanzados en el idioma.
Una de las preguntas sobre las que nos pidieron conversar fue si conocíamos a personas muy adineradas, a quienes estuvieran quebrados siempre, gastaran más de lo que ganaban o alguien realmente pobre, literalmente sin dinero para acceder a lo más básico, lo que se nombra con el término penniless.
La conversación fue interesante y yo me las tuve que arreglar para explicar cómo es el Chocó, de donde vengo, uno de los departamentos más pobres de Colombia, donde muchas personas que no son habitantes de calle, a lo que mis compañeras solían referirse para hablar de este término, con frecuencia no tienen, literalmente, el dinero para acceder a elementos o servicios básicos para la supervivencia.
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