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Gabriel Silva Luján
Puntos de vista

¿Paramilitarismo popular?

Las dictaduras y los gobiernos con talante autoritario viven siempre con el temor de que su control sobre el poder sea desafiado y que sus ambiciones de perpetuación se estrellen contra el muro de las instituciones, de la impopularidad o de una insurrección dentro de sus propias huestes. Prácticamente es un axioma que ese tipo de gobiernos necesitan asegurarse su amarre al poder, comprando el seguro de una fuerza paralela con la cual contrabalancear el riesgo de que ocurra uno de estos escenarios.

En circunstancias desafiantes para el régimen, estas organizaciones se activan para meter en cintura a quienes osen salirse de los dictados gubernamentales o que impugnen las acciones oficiales. En el fascismo, en el comunismo, en el castrismo, en el chavismo, prácticamente en todos los contextos donde la legitimidad precaria obliga a someter a quienes disienten, aparecen este tipo de estructuras. También estas fuerzas son muy útiles cuando se trata de neutralizar el poder de las cortes, de fuerzas armadas oficiales o de los parlamentos.

Nadie podría señalar con suficiente evidencia que el gobierno del presidente Petro haya efectivamente violado la Constitución, se haya saltado las decisiones de las Cortes o del Congreso, o hubiese cerrado un medio de comunicación aunque insulte y acuse con demasiada frecuencia a todos estos. Aun así, surge la pregunta de si algunas de las iniciativas gubernamentales no están encaminadas en la dirección de obtener gobernabilidad mediante la construcción de una red paralela de poder, de carácter no institucional, dispuesta a actuar para defender o perpetuar el proyecto político del Gobierno.

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