
Los habitantes de La Guajira, en particular los pueblos wayuu, viven en una dramática situación secular de pobreza, desprotección social y falta de acceso a los servicios básicos esenciales. Para enfrentarla el presidente Petro y todo su gabinete se movilizaron a ese departamento, desde donde despacharon por una semana, anunciando un plan de choque con proyectos prioritarios para atender las necesidades más urgentes, y decretando una emergencia económica para desarrollar soluciones estructurales.
No hay duda de la urgencia de mejorar las condiciones de vida de la población del departamento, pero para hacerlo de manera eficiente debe tenerse muy presente que el problema no es la falta de recursos -porque La Guajira los ha tenido en abundancia-, sino la debilidad institucional, la incapacidad de gerenciar proyectos y, sobre todo, la corrupción que ha desviado los cuantiosos recursos de regalías que ha recibido a unos cuantos bolsillos privados, en lugar de beneficiar a toda la población.
La crisis humanitaria de La Guajira
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