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Weildler Guerra
Puntos de vista

La idea de progreso

Aunque alcanzó su máxima vigencia durante los siglos XIX y XX, la noción de progreso permanece aún en la mente de millones de personas en el mundo como el ideal de un mejoramiento sin límites. Ampliamente utilizada por los movimientos políticos en diversos continentes, la idea de progreso fue llevada a un segundo plano por el concepto de desarrollo que se basó en metáforas biológicas y se trazó objetivos más precisos y cuantificables especialmente a partir del famoso discurso del presidente Truman en 1949. Pero ¿en qué consiste la idea de progreso y cuáles son sus premisas?

El sociólogo norteamericano Robert Nisbet en su libro Historia de la idea de progreso (1981) planteó que esta se basaba en cinco premisas básicas: la fe en el valor del pasado, la convicción de que la civilización occidental es noble y superior a las otras, la aceptación del valor del crecimiento económico y los adelantos tecnológicos, la fe en la razón y en el conocimiento científico y la fe en el valor inefable de la vida en el universo. La idea de progreso, entendida como un pleno perfeccionamiento humano en diversos aspectos, se concibe en el marco de un tiempo unilineal cuyas últimas etapas deberán ser necesariamente superiores a las primeras. En consecuencia, el progreso constituye para algunos autores una síntesis del pasado y a la vez una profecía del futuro.

Diversos factores y eventos han contribuido al debilitamiento de la idea de progreso: las guerras mundiales, los campos de concentración, los incesantes genocidios, el totalitarismo, el deterioro ambiental global y sus efectos como el cambio climático, entre otros. La humanidad ha constatado que no siempre el avance material se parece a la idea de progreso y esa cruenta verificación ha tenido un alto costo en vidas derivado del acelerado desarrollo bélico como puede verse en los casos del empleo indiscriminado de las bombas racimos, los misiles hipersónicos y los drones cargados de explosivos.

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