
Hay encuentros obligados, aunque con anticipación una sepa que van a doler. Era mi primera vez en Bélgica, tomé el tren en San Pancras Internacional y me bajé en el corazón de la bella Bruselas, que jamás había estado en mi lista de deseos por razones claras: es la tierra de Leopoldo II. Fui invitada por la Embajada de Colombia y el Instituto Cervantes a tres eventos literarios: una conversación con el profesor Jasper Vervaeke, la entrega oficial de la Biblioteca de Escritoras Colombianas al Cervantes y la conversación con las escritoras Mónica Ojeda, Luna Miguel y Grecia Cáceres.
Me dijeron que tenía que visitar el Museo de África, por mis intereses literarios, mi origen y mi vehemente crítica expresada en la primera charla a las insuficientes acciones de Europa en el presente, relacionadas con el reconocimiento, restablecimiento de derechos y lucha contra el racismo derivado de los horrorosos actos coloniales en África y su diáspora en América, como los de Leopoldo II. Separé el final de la mañana y medio día del viernes 14 de julio, iría sola. Aunque en un momento pensamos ir juntas Mónica Ojeda y yo, cambié de planes porque sabía que era una cita entre mi pasado, mi historia y mi presente como escritora e investigadora de colecciones albergadas en museos coloniales (esto es quizá una redundancia).
El encantador equipo de la embajada me dio las instrucciones detalladas para viajar hasta el lugar, que está más o menos a una hora de la ciudad. Mis prevenciones negativas habían disminuido porque alguien me habló de la renovación del museo, que se reabrió hace cinco años después de un tiempo de cierre. Pero esto fue insuficiente para impedir las náuseas que empecé a sentir cuando el tren se acercaba a ese lugar. En cuanto puse un pie fuera del tranvía salieron también las lágrimas. Frente a las rejas, que deben estar ahí al menos desde 1897, lloraba pensando si los primeros hombres y mujeres congoleses que fueron secuestrados y traídos al primer vergonzoso zoológico humano habrían sido arrastrados por esa misma o por otra puerta.
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