
Para lograr un acuerdo nacional se necesitan por lo menos tres cosas: conversación, gestos de confianza y líderes ecuánimes. Es decir, escuchar, hablar, tejer, caminar la palabra, como dicen los indígenas. El acuerdo nacional va pasando poco a poco de ser una consigna, a convertirse en una necesidad. Sí, no hay que ser genio para darse cuenta de que a la paz que se firmó hace siete años le faltó un diálogo de país. Le faltó el acuerdo, ya no entre la guerrilla y el gobierno, sino entre ciudadanos, entre estos y su Estado, y entre líderes políticos. Las élites se dividieron en torno al acuerdo de paz, y como ha ocurrido en tantos otros momentos, arrastraron a los ciudadanos hacia el sectarismo y la polarización. Para darnos cuenta siete años después de que con la pugnacidad todos perdemos. Que la vida sería mejor, más agradable y feliz para los colombianos, si pusiéramos fin a esta violencia eterna, física y simbólica.
El trabajo de la Comisión de la Verdad y sus recomendaciones son una nueva oportunidad para hablar, para escuchar, para dialogar y para llegar a acuerdos sobre los asuntos cruciales de la nación. Necesitamos hablar sobre los factores que han impedido que eche raíces la paz. Los que hacen que, a pesar de tantos armisticios, Colombia no pare su desangre. Porque son colombianos los que matan. Son colombianos los que mueren. Son colombianos los que pagan por matar. Y son colombianos quienes también alimentan la guerra para seguir usufructuando de ella.
Para este país la violencia es un asunto existencial. De lograr la paz depende nuestra supervivencia como comunidad. Por eso hay que hablar de los temas difíciles, de aquellos que nos dividen y sobre los que no tenemos consensos. Es el único camino. Pocos espacios más propicios para ese diálogo que la Revista CAMBIO. El periodismo, cuando se compromete con la democracia, se convierte en ágora, en plaza pública.
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