
La amenaza de Petro a sus ministros, en el más reciente consejo de ministros, habla más sobre el estilo de liderazgo del presidente que de la incapacidad ejecutiva de su gabinete.
Por: Luis Alberto Arango
Las crisis constantes del Gobierno de Gustavo Petro dan material suficiente para una serie de Netflix. Sin embargo, detrás de la aparente trama de drama político y tensiones ministeriales subyace un tema crucial que va más allá del entretenimiento: el liderazgo y la eficacia administrativa. El más reciente jalón de orejas del presidente Petro a sus ministros, el pasado lunes 14 de agosto, no solo confirma las características en el estilo de liderazgo de Petro, sino que también destaca las deficiencias en las capacidades de ejecución presupuestal del Estado. Las ambiciones grandilocuentes y los cambios prometidos por el presidente se han visto enfrentados a la dura realidad de una limitada gestión gubernamental.
En el consejo de ministros Petro le exigió a su gabinete, de manera perentoria, mostrar resultados en la ejecución presupuestal, so pena de destituir a quienes no cumplan en un mes con su instrucción.
La queja sobre la baja ejecución por parte del Gobierno ha sido un eco constante de analistas, opositores y medios durante los últimos meses. Solo hasta la semana pasada, el fuerte llamado de atención de los terceros se convirtió en una prioridad gubernamental, un desfase que pone la lupa en la capacidad del Gobierno para abordar de manera proactiva los problemas del país.
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