
En la campaña presidencial de 2022 el presidente Petro se conectó emocionalmente con las mayorías ciudadanas. Su voz radical de oposición contra el gobierno de Iván Duque y el estallido social de 2019 y 2021 catapultaron la aspiración del candidato del Pacto Histórico, que se adueñó del discurso de cambio. La candidatura de la Coalición de la Esperanza, liderada por Sergio Fajardo, terminó identificada en forma injusta como parte del continuismo, por su moderación y equilibrio. Mientras Fajardo era señalado de “aburrido”, Petro generaba entusiasmo y pasión. Esa fue la clave del triunfo del primer presidente de la izquierda democrática en Colombia. Transcurrido un año de su mandato, el cambio con emoción es evidente. Han sido 365 días de una montaña rusa permanente, en la que comparten el mismo vagón la audacia con la improvisación, la genialidad con la torpeza. Se puede afirmar cualquier cosa sobre el primer año del mandato petrista, pero nadie puede señalarlo de aburrido.
Con el nuevo Gobierno accedieron al poder las ideas de izquierda y un dirigente exguerrillero que luchó contra la exclusión política que representó el Frente Nacional. Hoy vemos en las oficinas del Estado a líderes sociales, académicos, campesinos, indígenas y afros, que por décadas lucharon en las calles. Petro significa un enorme avance en diversidad, apertura democrática y alternancia de poder. Hoy las principales centrales obreras y Fecode defienden al Gobierno, mientras el diario El Tiempo ejerce la crítica y la oposición. ¡Ese sí es un símbolo de cambio!
También es positivo el liderazgo internacional de Petro, su lucha genuina contra el cambio climático, el restablecimiento de las relaciones con Venezuela, el nuevo enfoque con Estados Unidos, la alianza con Brasil para defender la Amazonia, la prioridad de la reforma agraria, la estabilidad macroeconómica, la disminución del desempleo, el respeto a la institucionalidad y a la propiedad privada y la búsqueda de la paz total, con equivocaciones incluidas. Hoy se ve lejano y desgastado el discurso absurdo de campaña, según el cual nos convertiríamos en otra Venezuela, Petro se atornillaría al poder más allá de 2026, impulsaría una constituyente, expropiaría a los ricos, etc. Es igualmente buena noticia el funcionamiento del sistema de pesos y contrapesos, empezando por la independencia del Banco de la República, la Corte Constitucional y el propio Congreso.
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