
11 de Septiembre de 1973. El palacio presidencial de Chile es bombardeado por aviones y tanques de las propias fuerzas armadas chilenas. El traidor general Pinochet, con el apoyo de Nixon, Kissinger y la CIA, dirige un sangriento golpe de Estado para derrocar al gobierno legítimo de Salvador Allende, el primer presidente socialista elegido por el voto popular en América Latina. Allende prefiere morir antes que entregar el poder a los golpistas.
Al cumplirse 50 años de ese día aciago que cambió la historia del continente, se han hecho conmemoraciones, se han escrito artículos y libros, lo mismo que realizado eventos, para analizar el golpe, sus causas y consecuencias, el proceso del neoliberalismo chileno desde la dictadura y su caída, los años de la concertación social demócrata, el péndulo que regresó a la derecha al poder y que nuevamente dio paso a una izquierda más radical.
Son tantos los materiales producidos que es casi imposible decir algo nuevo sobre esta historia, de manera que quiero intentar una lectura diferente, a partir de un elemento que ha estado presente en todas las etapas, expresando en sus versos y su música los sentimientos de los actores del experimento revolucionario de Chile, de las víctimas de la dictadura y de los sobrevivientes que miraron haca adelante y reconstruyeron la esperanza.
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