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Ramón Jimeno
Puntos de vista

El eclipse empresarios-gobierno ensombrece al país

El susto de muchos empresarios y sus gremios frente a Petro surge de su inexperiencia para lidiar con gobiernos de izquierda y del rechazo a una visión del desarrollo y prosperidad social que no encaja en sus formas de pensar. Los generadores de valor, acostumbrados a tener acceso automático al poder ejecutivo, a crear ambientes regulatorios, a impulsar leyes gracias a los aportes a las campañas, están incómodos. Desconocen cómo buscar oportunidades cuando se trata de reducir las desigualdades e incorporar a los marginados a la institucionalidad. Rechazan las ideas de crecimiento y desarrollo social porque solo saben del libre mercado y consideran que al Estado no le toca responder por los rezagados del neoliberalismo.

Los empresarios sin duda tienen a un presidente poco dado a renovar sus preconceptos. Además, ha reforzado su imagen negativa de los “grandes” empresarios nacionales. En sus 30 años como parlamentario ha engavetado centenares de historias de abusos y de actuaciones turbias de los grupos empresariales. Para él, los empresarios son codicia, agentes de corrupción, administradores de redes de influencia, usurpadores de los recursos naturales, abusadores de los pobres con las tarifas de los servicios públicos, evasores de impuestos, recaudadores de peajes en vías que se derrumban, manipuladores de la justicia, financiadores ocultos de la violencia paramilitar y, encima de todo, determinadores del cambio climático.

Cuando Luis Carlos Sarmiento admitió ante la justicia norteamericana la participación de sus empresas en sobornos, el panorama mejoró para Petro. También le reforzó su idea y sacó a relucir en Montes de María las 22 sentencias contra el Grupo Argos por comprar tierras usurpadas a campesinos en esa y otras regiones. A pesar de las excusas presentadas, no hay quien desconozca la intensidad del conflicto en esa zona, como dicen los textos condenatorios “engavetados”, alegar que estudiaron los títulos para sostener que compraron de buena fe no es suficiente para creerles.

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