
Ha sido tal el nivel de autoconfianza que han ganado los delincuentes en Bogotá, que ya ni siquiera parecen sentir la necesidad de amedrentar a sus víctimas con armas. En una nueva modalidad, su arma de intimidación es la irrupción en ‘manada’ para apropiarse de lo que quieren en establecimientos comerciales.
Eso es por lo menos lo que revelan los asaltos secuenciales ocurridos la noche del 23 de enero en el norte de Bogotá, cuando una cuadrilla de 8 delincuentes, cuatro hombres y cuatro mujeres, colombianos y venezolanos, incursionó primero en una farmacia Cruz Verde de la Avenida 19 y luego en un D1 de la Calle 116.
No fueron saqueos por necesidad o hambre, como suele ocurrir cuando un grupo irrumpe en una tienda en busca de medicamentos o alimentos. De la farmacia se llevaron varios protectores solares y del D1 se llevaron una caja que contenía 38 cremas dentales. Es sabido que ese tipo de productos son revendidos por los delincuentes en el mercado negro.
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