
Tomás me insistió en la importancia de concentrarme cada vez más en la escritura, de decir no a las cosas que me aparten de ese propósito superior, un rato después fuimos a su estudio y me llamaron poderosamente la atención unos cuántos libros de tapa roja y letras doradas en el lomo que tenía en un estante con vidrio, le pregunté de qué eran y me dijo —Son los de mi tío Fernando. Mi papá los mandaba a empastar. Y yo heredé ese pequeño tesoro.
—¿Puedo tocar uno? Le dije.
Entonces me pidió que eligiera y dije sin titubeos Viaje a pie. Abrí en cualquier página, como si se tratara de un oráculo, y encontré esta joya: “El principio básico del hombre culto es NO DEJARSE ARRASTRAR POR LO BUENO QUE ESTÁ FUERA DE SU CAMINO”.
Nos reímos un poco de la coincidencia con nuestra conversación previa, y nos pusimos a hablar de Fernando González, el tío. De su sabiduría, de lo avanzado a su tiempo, del amor que sus hermanos menores, como el papá de Tomás, le profesaban.
Regresé a mi casa con esta frase rondándome todo el tiempo y pensé en mi amiga Elizabeth Santander, quien es ahora, para mí, una de las mujeres más cultas que haya conocido.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios













