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Federico Díaz Granados
Puntos de vista

La banda sonora del país

Varias veces me he preguntado y he consultado a amigos y expertos en música sobre ¿cuál es la banda sonora del país? Pregunta, por supuesto muy amplia y cuyas respuestas pueden ser tan variadas como subjetivas, pero concluí que era una tarea muy difícil de determinar y que sería muy complicado ponernos de acuerdo en aquel listado de canciones que nos dan una identidad y nos cohesionan como nación, entendiendo lo fragmentados que estamos cultural, social, geográfica y económicamente. Somos muchos países en un territorio y en eso radica nuestra riqueza cultural. No se trata, ni mucho menos, de trazar un canon desde una mirada particular, sino de buscar identificar si existía alguna canción que nos uniera en todos los puntos cardinales y nos emocionara a la mayoría de los colombianos. No contemplé en la pregunta al himno nacional por considerarlo en su letra anacrónico con el país de hoy. Siento que nos puede conmover antes de un partido de fútbol o cuando ganamos un Tour de Francia, pero luego poco o nada nos dice una estrofa como “La Virgen sus cabellos / Arranca en agonía / Y de su amor viuda / Los cuelga del ciprés. / Lamenta su esperanza / Que cubre losa fría;/ Pero glorioso orgullo / Circunda su alba tez”. O cuando menciona que “Soldados sin coraza / Ganaron la victoria; / Su varonil aliento / De escudo les sirvió”, que podría ser mejor un eslogan de campaña publicitaria en algún enjuague bucal.

Muchos amigos respondieron con sus listas de reproducción donde podía estar desde La gata golosa y Pescador lucero y río hasta La piragua o “Ay qué orgulloso me siento de ser un buen colombiano”. A finales del siglo pasado, cuando a muchos medios hicieron encuestas sobre las canciones del siglo, recuerdo que en Colombia ganó El camino de la vida y eso generó polémica porque estábamos en el auge de la masificación del vallenato a nivel internacional y del descubrimiento de nuevos sonidos y fusiones. Pero el pueblo habló y esa fue la ganadora.

Durante los días más crudos del estallido social de 2021 planteé nuevamente la pregunta en mis redes sociales. Me inquietaba ver desde lejos que El baile de los que sobran, de Los prisioneros, era cantado en muchos rincones de Chile por los jóvenes de la llamada Primera línea, sus padres e inclusive sus abuelos. No sentía que nosotros tuviéramos una banda sonora que nos cohesionara y se convirtiera en himno, así como en su momento las canciones de Víctor Jara fueron símbolo de una resistencia a la dictadura de Pinochet, y como Canción para mi muerte de Sui generis, Solo le pido a Dios de León Gieco o La cigarra de la gran María Elena Walsh en la voz de Mercedes Sosa, fueron himnos definitivos y evidentes en los más difíciles momentos de agitación y miedo en Argentina.

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