Un documental sobre Arnold Schwarzenegger revela una historia de perseverancia, visión y paciencia que transformó al inmigrante austriaco en una leyenda prolífica del fisicoculturismo y el cine, y en una figura de la política norteamericana.
Por: Luis Alberto Arango
Crecí viendo las películas de Arnold Schwarzenegger. Para mi generación, él era el héroe de acción por excelencia, y Terminator es la película que más grabada tengo en la memoria. No solo por su fuerza y ciencia ficción, sino porque mostraba a Arnold en un personaje que parecía hecho a su medida. Su presencia en la pantalla cautivaba. Fuera de su éxito en cine y su título como campeón de fisiculturismo, poco sabía sobre la persona detrás del actor. Hasta que un amigo me recomendó un documental en Netflix sobre su vida, con un título singular y simple: Arnold.
Tenía mis dudas, pues no esperaba gran cosa. Sin embargo, la recomendación me hizo darle una oportunidad, y apenas pasaron los primeros veinte minutos, quedé atrapado. Descubrí a un Schwarzenegger muy distinto al héroe de acción: sus logros, construidos con paciencia y esfuerzo, no surgieron de la noche a la mañana. Cada paso, cada hito, revelaba una lección de paciencia, disciplina y determinación. Pero, sobre todo, de paciencia, una virtud que él mismo conecta con su capacidad de visualizar el futuro. Para Schwarzenegger, visualizar no es solo imaginar lo que se quiere alcanzar; es ver cada paso como parte de un proceso hacia metas sin importar qué tan lejanas.
“Sin embargo, la recomendación me hizo darle una oportunidad, y apenas pasaron los primeros veinte minutos, quedé atrapado”.
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