Nuevos chancucos e irregularidades por parte del señor César Augusto Pachón Achury se hicieron para lograr cumplir a las malas con los requisitos para llegar a la Agencia de Desarrollo Rural, ADR. Como hemos denunciado en esta columna, la hoja de vida que presentó en agosto para quedarse con el importante cargo estaba llena de mentiras que se pudieron demostrar. Ahora, tres meses después, se presentaron otras para acreditar información que también resultó falsa e insuficiente. Nada importó porque el jueves pasado lo nombraron en propiedad.
Empecemos por el deber ser de esta crónica de una corrupción anunciada. La transparencia y la meritocracia deberían ser los principios rectores en las instituciones públicas, especialmente en un gobierno que se hizo elegir con un discurso en el que se iba a luchar por superar una percepción arraigada de descomposición y burocracia en el sector público. Sin embargo, el funcionamiento real de este gobierno, y su modus operandi, se puede explicar en todo lo contrario y el doloroso proceso de nombramiento de Pachón como presidente de la ADR, es un ejemplo perfecto.
Las irregularidades en la verificación de requisitos y las inconsistencias en las certificaciones de experiencia del señor Pachón parecen indicar que, más allá de su deseo de liderar una entidad crucial para el desarrollo agrario, hay un interés latente por aprovechar una posición estratégica para fines cuestionables. La pachanga de Pachón.
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