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Luis Alberto Arango
Puntos de vista

El poder de lo presencial

En tiempos de virtualidad, ¿vale la pena viajar miles de kilómetros para una reunión? Mi reciente experiencia en Seattle me demostró que el valor de lo presencial reside en los momentos que van más allá de la agenda formal.

Por: Luis Alberto Arango

Hace unos días viajé a Seattle, Estados Unidos -a 6,600 kilómetros de Bogotá- para una reunión de trabajo en las oficinas de una empresa con la que tengo una relación de negocios desde hace unos años. Aunque podría haberse realizado virtualmente, quienes me acompañaron y yo decidimos que valía la pena el esfuerzo de estar allí en persona. No nos equivocamos.

La reunión se llevó a cabo en Bellevue, un suburbio cercano a Seattle, rodeado de colinas y lagos que reflejan la calma de la región del Pacífico Noroeste. La ciudad parecía envuelta en un halo de quietud, en contraste con la vida agitada que se encuentra en Bogotá. Bellevue tiene un encanto sereno y ordenado, enmarcado por modernas edificaciones de vidrio y concreto que reflejan el cielo gris, creando un espectáculo visual que captura la esencia del fin del otoño y el inicio del invierno. La atmósfera, fresca y envolvente, me recordó que hay detalles de la vida que solo se experimentan cuando uno está presente, allí, en cuerpo y alma.

“Las reuniones presenciales, si bien representan un esfuerzo en tiempo y logística, permiten una conexión humana que el mundo digital no puede replicar”.

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