
Hay hechos tan obvios, que abordarlos podría parecer una necedad. Pero referirse a ellos es necesario, precisamente, porque detrás de su obviedad esconden la vieja historia colombiana de normalizar fenómenos nocivos para el país, como la corrupción política. Y en esta realidad encaja el reciente y obligado retiro del Gobierno del ahora exministro de Hacienda Ricardo Bonilla.
La que tumbó a Bonilla no fue la ‘mermelada’ que presuntamente repartió entre varios congresistas para que votaran a favor de una adición al presupuesto nacional y de un crédito público. La que noqueó al exministro de Hacienda fue la decisión de varios exfuncionarios del Gobierno de hablar ante la Justicia.
De hecho, la ‘mermelada’ se ha convertido en parte del paisaje de la política colombiana y nadie la combate, excepto cuando hay una delación de los propios participantes en esa modalidad de corrupción tan extendida en Colombia desde hace décadas.
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