Para el gobierno de Gustavo Petro, el único requisito para ocupar un cargo importante en la protección y el desarrollo del campo colombiano es no cumplir con los requisitos necesarios. Eso parece después del nombramiento de la gerente del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, Paula Andrea Cepeda, que se suma al escándalo de la designación, a las malas, de la Agencia de Desarrollo Rural, ya que ninguno de los dos funcionarios tiene la experiencia práctica para esos cargos.
Esta es la historia. El ICA es la piedra angular en la sanidad agropecuaria de Colombia que busca garantizar la prevención y control de plagas y enfermedades en la producción del país. Es una entidad que pasa imperceptible cuando no hay crisis, pero cuando las hay, es de las más relevantes, por la cantidad de efectos perversos que puede tener su mal funcionamiento técnico.
La salida de Juan Fernando Roa como director de esa institución, anunciada en agosto pasado por la ministra de Agricultura, Martha Carvajalino, generó preocupación por dos razones. La primera, porque en el cargo de gerente general encargada quedó la señora Cepeda, que no tiene el ancho de banda para esto. Se preguntarán por qué.
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