
Hace cien columnas empecé a escribir en la revista CAMBIO y lo celebro porque hay un trabajo disciplinado detrás de todo esto, no solo por el ejercicio de armar un texto coherente semana tras semanas, sino por la apuesta por construir una voz alrededor de unas temáticas que me interesan y pretendo posicionar en al menos en una parte de la opinión pública del país. Esto, naturalmente, me ha hecho pensar en las efemérides culturales por centenarios del nacimiento del autor, de la publicación de algún libro, y también en uno que otro centenario que pasan sin pena ni gloria, como el de algún expolio.
James Baldwin y Arnoldo Palacios nacieron en 1924, el año en el que se publicó La Vorágine, y en el que James Hornell lideró una expedición arqueológica a la isla de Gorgona, que dio como resultado la extracción de siete petroglifos que reposan ahora en el Museo Británico.
Baldwin nació en Harlem, Nueva York, hijo de una madre soltera y un padrastro maltratador. Se convirtió en un gran lector, novelista, poeta y dramaturgo, bajo la influencia del movimiento del renacimiento de Harlem. Su notable compromiso político y social lo llevó a convertirse en una figura en la lucha por los derechos civiles. Y temas como la homosexualidad ocuparon un importante lugar en sus escritos, antes de ser parte de la agenda pública de los Estados Unidos.
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