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Federico Díaz Granados
Puntos de vista

Clases de historia

Los días más felices de mi primaria fueron cuando faltaba algún profesor, sobre todo de matemáticas o ciencias, aparecía en el salón a improvisar un reemplazo el inolvidable Muñoz, Tulio Ernesto Muñoz, profesor de todas las materias en quinto grado y quien con su bata blanca inspiraba un profundo respeto, algo de temor y, por algún motivo, mucho cariño. El profesor Muñoz parecía un hombre del Renacimiento: sabía de ciencias, astronomía, religión, geografía y, sobre todo, historia. Lo recuerdo como un hombre de mediana estatura, tez morena, la marca entre las cejas del ceño fruncido, el pelo peinado hacia atrás con gomina y una sonrisa muy verdadera. Bajo su bata blanca se asomaban la corbata y un pito que hacía sonar cuando nos llamaba a todos para regresar a clases después del descanso.

No sé cómo se las arreglaba pero siempre que faltaba un profesor en algún otro curso diferente al suyo, aparecía e improvisaba una clase que a la postre sería inolvidable. Una vez, tiza en mano, nos explicó con detalles la campaña libertadora y en otra oportunidad los sucesos del 20 de julio de 1810, las gestas de los lanceros del Pantano de Vargas y la Batalla de Boyacá. En alguna ausencia de un profesor de inglés llegó de repente al salón y nos contó con detalles y, como si se tratara de una novela de misterio, todo lo ocurrido en aquella noche de traiciones conocida como la Noche septembrina, en la que iban a asesinar al Libertador Simón Bolívar. En otra ocasión, nos explicó el recorrido del río Magdalena desde el Páramo de las Papas hasta el mar Caribe lleno de anécdotas y crónicas. Así, la gran meta de la primaria era llegar a quinto para tener todas las clases con el legendario profesor Muñoz. Alguna vez, con la timidez de niño, le comenté que había visto en la serie Revivamos nuestra historia, que pasaban los domingos por la televisión nacional, algún episodio que él ya nos había narrado en uno de sus reemplazos de clase. Y así tuvimos algunas charlas sobre Bolívar, el hombre de las dificultades, protagonizado por Pedro Montoya o Mosquera y Obando: vidas encontradas, con Fabio Camero o el fascinante El Bogotazo, con Edgardo Román como Jorge Eliécer Gaitán.

Cambié de colegio y me fui a hacer el bachillerato con los jesuitas y nunca más volví a saber del profesor Muñoz. Un grupo de exalumnos siempre publicaba en El Tiempo una semblanza con una foto del profesor joven el día de su cumpleaños y muchos años después leí con tristeza su obituario, pero su pasión para enseñar la historia quedó en la memoria del corazón para siempre.

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