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Johana Fuentes
Puntos de vista

Nadie tiene la culpa

El presidente Gustavo Petro, que se ha dedicado a defender a los funcionarios cuestionados de su gabinete, le aceptó —por fin— la renuncia a la ministra del deporte. Se salvó de una moción de censura y su legado es una vergonzosa gestión, en una cartera que aún no levanta cabeza.

Astrid Bibiana Rodríguez llegó a ser ministra sin tener experiencia para ocupar cargos públicos, pero con la promesa de recomponer el desastre que había dejado su antecesora, María Isabel Urrutia, hoy investigada por la Fiscalía por irregularidades en la contratación y a quien el presidente Petro había declarado insubsistente. Menos de un año transcurrió para demostrar su incapacidad e incompetencia.

La primera alerta surgió cuando La W Radio denunció que las instalaciones del único Centro de Alto Rendimiento que hay en el país estaban en ruinas, luego de una inversión de casi veinte mil millones de pesos. El ministerio se negó a entregar las facturas de los distintos contratos del proyecto y la ministra se justificó culpando a administraciones anteriores —ya es costumbre que este gobierno también use el espejo retrovisor— y argumentando que, aunque el lugar se encontraba en una situación crítica, las obras aún estaban en una etapa de diagnóstico. Un diagnóstico de nueve meses, el tiempo que llevaba en el cargo.

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