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Johana Fuentes
Puntos de vista

Verdad.

“Un día llevé a mi hija de 12 años al colegio y cuando fui a buscarla no estaba. Se la llevaron y nunca más la volví a ver. Desde ese momento mi vida cambió completamente, es más, desde ese momento no he tenido vida”.

Carlos Becerra es una de las miles de víctimas que dejó el paramilitarismo en el país. Desde hace 25 años, no hay un día en el que no se pregunte dónde está su hija. Carmen tenía 12 años cuando se la llevaron los miembros del Bloque Catatumbo de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). “Había uno de ellos que la acosaba, por eso yo la llevaba y la traía del colegio, pero como aquí no había ley, la ley eran ellos, la sacaron de ahí”.

Juan Frío es un pequeño corregimiento que hace parte del municipio de Villa del Rosario en Norte de Santander, en 1999 los paramilitares llegaron allí y convirtieron al pueblo en uno de sus centros de operaciones. Llenaron de horror y muerte una tierra campesina y pacífica. La vida de los habitantes de Juan Frío quedó marcada para siempre. Las autodefensas no sólo asesinaron y torturaron a gran parte de la población, sino que también instalaron unos “hornos crematorios”, viejos trapiches que usaron para desaparecer cualquier rastro de sus víctimas, calcinándolas completamente.

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