
Pronto morirá el debate generado por el presidente Gustavo Petro al plantear la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, al calor de una minga indígena en Cali.
Es más que obvio que una constituyente es inviable hoy en Colombia, porque para sacarle adelante, Petro necesita en el Congreso los votos que hoy no tiene para concretar sus reformas. Fue precisamente ese hecho el que lo llevó a la ligereza de invocar una reforma de la Constitución, como solución a sus dificultades para gobernar.
Esa propuesta no desata el nudo gordiano en el que está atrapado, y Petro lo sabe. No pasará entonces de ser una provocación innecesaria, como lo demostraron las reacciones iracundas, aprovechadas, críticas, y también algunas serenas y razonables, que desató en el país político. Pero hubo tres planteamientos del Presidente en Cali que pasaron prácticamente inadvertidos y que, aunque no causaron el huracán político que desató la mención de una constituyente, revelaron el riesgoso camino que podría tomar. Peligroso para él mismo, porque terminará por diluir su promesa de ser el Gobierno del cambio.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios













