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Luis Alberto Arango
Puntos de vista

La desconexión del Gobierno Petro

La autovictimización del Gobierno, al verse superado por las masivas manifestaciones en su contra, es el augurio de que los colombianos seguiremos siendo testigos de un gobierno polarizador, improvisador y radicalizado.

Por: Luis Alberto Arango

El pasado domingo, 21 de abril de 2024, cientos de miles de manifestantes inundaron las calles de las principales ciudades de Colombia, en una contundente muestra de descontento contra el gobierno de Gustavo Petro. Estas protestas, destacadas entre las más grandes de los últimos años, contrastan con la reacción del presidente de la república, que ha optado por minimizarlas y adoptar una postura de victimización. Tal actitud evidencia una profunda desconexión con la realidad del malestar popular.
Desde su cómodo púlpito presidencial en la plataforma X, Petro describió estas marchas como manipulaciones de “la clase dominante”, mientras que algunos miembros del Gobierno pedían una reflexión profunda sobre el clamor popular. Otros, alineados con la retórica radical del presidente, solo repetían sus palabras, marcando un contraste con aquellos en su administración que reconocían la necesidad de introspección.

El propio presidente, recurriendo al sofisma, argumentó que quienes protestaban no deseaban el cambio que él propone, uno orientado a la equidad y a mayores oportunidades para todos. Esta postura revela una desconexión palpable con la realidad percibida por sus gobernados y con las encuestas que indican un 60 por ciento de desaprobación de su mandato.

A mitad de su gobierno, Gustavo Petro ha acumulado pocos aciertos, destacándose más bien por sus incoherencias, improvisaciones y errores de gobernabilidad, que han contribuido significativamente a la polarización constante en el país. Un ejemplo claro de esta problemática gestión fue la incapacidad de su gobierno para realizar los pagos necesarios para los Juegos Panamericanos de Barranquilla, lo que resultó en que Colombia perdiera el derecho a organizar este importante evento. Además, la decisión presidencial de congelar los peajes nacionales durante un año, tomada sin considerar sus consecuencias económicas, contribuyó a minar la confianza de los inversionistas.

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