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Martín Jaramillo Ortega
Puntos de vista

Los escasos goles de Gabo

Exactamente diez años después de la muerte de Gabriel García Márquez se jugó en Bogotá un partido entre Millonarios y Junior en El Campín. Coincidencia, seguro, pero este mismo encuentro entre cachacos y costeños en 1950 fue el primer y casi único acercamiento que tuvo Gabo con el deporte más popular del mundo.

La relación de García Márquez con el fútbol es casi nula. Más allá de algunas respuestas puntuales, casi condescendientes, sobre Higuita, Maradona, el Mundial de Italia 1990 o algún otro fenómeno social del momento, dentro de su obra la única referencia al balompié está en El Juramento, un escrito que hace parte de Textos costeños, el volumen de su obra periodística que recopila las notas que escribió durante su paso por El Universal en Cartagena y por El Heraldo en Barranquilla.

Al inicio Gabo se muestra escéptico. Jorge Luis Borges veía el fútbol como algo fundamentalmente estúpido, García Márquez no llega a tal punto, pero sí cuenta que “perdió el sentido del ridículo” al momento en que se vio hinchando por un equipo. La culpa fue de dos de sus grandes amigos, Germán Vargas y Alfonso Fuenmayor, ellos llevaron a aquel joven cataquero frente al pelotón ⎯en este caso de energúmenos⎯ a, como dijo Gabo, “convertirme a esa religión dominical del fútbol”.

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