
“Es increíble cómo funcionan acá los trenes” fue parte de la conversación que tuvimos en familia después de tomar un tren desde Madrid. Lo increíble no es su funcionamiento ni en España ni en cualquier otro país, lo increíble es que en 2024 Colombia siga sin estar conectada mediante una red férrea eficiente, asequible y rápida.
Este no es el espacio para revisar la historia y encontrar las causas, justas o no, de su desmonte y actual cuasi inexistencia. Es más bien un espacio para insistir en la importancia y en la necesidad de construir un proyecto estructurado, riguroso, sostenible y ambicioso para conectar no solo al país urbano, sino al rural. No pensarlo únicamente como alternativa al tráfico aéreo y vial de pasajeros, sino también el de la competitividad y logística.
Las explicaciones topográficas y de pobreza económica se quedaron en el siglo pasado, en esta era de transición energética, los recursos existen y la tecnología ya sabe cómo atravesar ríos, montañas y ciudades sin generar una destrucción masiva medioambiental. Lo que hace falta es un proyecto común y voluntad política acompañada de rigurosidad técnica, transparencia y eficiencia administrativa.
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