
Al presidente Gustavo Petro le gustan las propuestas grandilocuentes. En casi todos sus discursos propone grandes transformaciones ecológicas, sociales y de infraestructura que, de realizarse en cuatro años, convertirían a Colombia, “el país de la belleza”, en una suerte de paraíso nunca visto en la tierra. A veces son solo frases “poéticas” que adornan sus discursos internacionales, como “expandir el virus de la vida por las estrellas del universo”, otras son simples salidas efectistas que generan entusiasmos momentáneos, como el proyecto que “arranca en el puerto de Buenaventura, en el Pacífico, y a través de un tren elevado, moderno y eléctrico, vincula Buenaventura con los puertos del Caribe”, y hay también algunas que no solo sí se pueden cumplir en cuatro años, sino que son consecuentes con las ideas que Petro dice defender.
El 11 de agosto de 2022, días después de su posesión presidencial, el presidente Petro habló de ampliar la legalización del cannabis. Dijo: “Hablemos: ¿qué pasa si se legaliza el cannabis en Colombia sin licencias? Como sembrar maíz, como sembrar papa”. Lo acompañaban en el escenario algunos alcaldes del Litoral Pacífico -donde hay amplias zonas en las que cultivan marihuana- que por supuesto aplaudieron la sensatez de la propuesta. No sería la última vez que el presidente hablaría de este asunto, que en Colombia ya tiene una regulación desde 2016 cuando se legalizó el cannabis medicinal. En aquel momento, varias compañías locales y extranjeras recibieron licencias para producir y exportar cannabis y algunos optimistas creyeron que el país tenía una oportunidad maravillosa para aprovechar un mercado aún inexplorado.
Ocho años después, aquella ley que fue novedosa (solo cuatro países tenían una regulación para cannabis medicinal, ya hay casi 50 que la tienen) ahora es obsoleta. No solo eso, de las miles de empresas que se crearon en aquel momento, solo quedan unas pocas que han logrado sobrevivir a la inmovilidad estatal. De tres mil licencias para cultivar cannabis psicoactivo, cannabis no psicoactivo y para fabricar derivados, apenas hay diez que están exportando. Muchos de ellos, después de la victoria del presidente Petro, pensaron que el futuro era prometedor. Lo que ha ocurrido, sin embargo, es lo contrario.
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