
Nadie puede negar que Juan Fernando Cristo ha sido un hombre de la política y dedicado al servicio público. También ha sido un hombre de la paz. A pesar de que su padre fue asesinado por el ELN, el camino que escogió no fue el de la revancha sino el de transformar su tragedia en motivación para intentar evitar que sigan ocurriendo esos aciagos hechos que enlutaron a su familia.
¿Por qué Petro nombra a Cristo? A primera vista parece una aberración. Cristo llega al petrismo como adjunto después de la derrota de la Coalición de la Esperanza. Cristo no es precisamente un militante o activista de izquierda. El nuevo ministro del Interior es un personaje que se mueve como pez en el agua en el establecimiento social, político, periodístico y cultural del país.
Además, Juan Fernando Cristo llega a un gabinete en el que se encargarán de hacerlo sentir como mosco en leche. El giro en la estructura ideológica y política del Gobierno Petro es innegable. Desde la salida de los ministros centristas se ha avanzado a paso firme hacia una creciente radicalización. Ese camino se ha acelerado. Es a todas luces evidente que el primer mandatario está enlistando una guardia pretoriana en el alto gobierno conformada por su “primera línea”. Activistas, militantes, provocadores y organizadores de protestas son ahora los altos funcionarios. Los años que le restan a Petro van a ser de pugnacidad, de abierta campaña electoral y de una belicosidad extrema. No es precisamente un entorno en el que el nuevo ministro del Interior se acomode fácilmente.
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