
Escribo esta nota desde Francia. No es posible escapar a la tentación de comparar el terremoto político que ha sucedido en el país Galo con lo que acontece entre nosotros.
Son dos países completamente distintos, sin embargo y, por lo tanto, las comparaciones tienen que hacerse con cautela. Pero hay similitudes.
Tanto Macron como Petro parecen creer que sus programas deben llevarse a la práctica cueste lo que cueste, y solo de la manera como a ellos se les ocurre. Ambos hablan con acento iluminado que no se compadece con el precario poder político con que cuentan.
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