
El Gobierno ha anunciado lo que serán las piezas claves de su programa de reactivación económica. Ya era hora. Ante el magro crecimiento que estamos presenciando, desde hace más de un semestre se venía solicitando ahincadamente dicho programa. Ahora, al fin, se anuncia que llegará como proyecto de ley a la legislatura que se inicia el 20 de julio.
Un primer comentario que suscitan los rasgos generales conocidos tiene que ver con los dos ejes centrales que tendrá dicho programa: una reforma tributaria, que el ministro de Hacienda se empeña en denominar “estímulos fiscales en primer término”; y, en segundo lugar, la ampliación de la figura de las inversiones forzosas de los bancos hacia áreas diferentes a la agropecuaria, que es donde se aplica hace treinta años a través de Finagro.
La reforma tributaria ha venido matizándose con el correr de los días. Primero se dijo rotundamente que sería una operación neutra desde el punto de vista fiscal, con la cual se propondría una rebaja de la tasa de tributación del 35 al 30 por ciento para las empresas acompañada de un incremento compensatorio a la tributación de las personas naturales que ganaran de 10 SMM en adelante.
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