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Gabriel Silva Luján
Puntos de vista

La coronación de Trump

Observar el espectáculo de la convención del Partido Republicano ha sido toda una experiencia. Una vociferante y exaltada masa de estadounidenses, la inmensa mayoría de raza blanca, de clase media y con fuertes convicciones religiosas, no pararon de invocar a su mesías, Donald Trump. Por el podio desfilaron desde Hulk Hogan -un celebrity millonario del mundo de la lucha libre- hasta el pastor Franklin Graham, que confirmó que no fue el Servicio Secreto sino Dios quien salvó a Trump del intento de asesinato porque es el elegido para redimir al pueblo americano.

El fallido intento de asesinato en Butler, Pensilvania, imbuyó la convención de una atmósfera sacramental. Era una nueva versión de la resurrección del mesías. Los feligreses y sacristanes con un vendaje en la oreja imitando al redentor. Ver a miles de adultos, personas que deben ser muy serias en su vida privada, cubriendo la oreja derecha no deja de ser al mismo tiempo risible y asustador.

Aunque en apariencia esta convención partidista no fue muy distinta a las anteriores, la verdad es que tuvo unas aristas muy particulares que insinúan hacia dónde avanza la derecha americana. La primera fue el absoluto control de cada detalle, invitado, discurso, y movimiento por parte de Trump y de su familia. Cada aspecto del proceso no tenía propósito distinto al de crear una atmósfera más parecida a un ritual de coronación que a un proceso de deliberación política.

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