Desde que el 14 de junio empezó la Eurocopa en Alemania, hasta el pasado 11 de agosto que se terminaron los Juegos Olímpicos de París, con la Copa América de Estados Unidos de por medio, el mundo del deporte venía en una maratón que nos tuvo pegados al televisor por casi tres meses. Hoy, cuando entramos en un bache cuyo consuelo es ver, pagando, La Equidad vs Águilas Doradas, veo que vale la pena hacer énfasis en un debate que se abrió luego de los Olímpicos: el abandono en el que quedó Yeison López, el medallista de plata por halterofilia, luego de que en 2018 la Federación Internacional de Pesas (IWF) lo sancionara por dopaje al dar positivo con boldenona.
Es una obviedad que los procesos en dopaje al tener un resultado analítico adverso son un calvario para los deportistas. Si bien hay casos en los que hay dopaje intencionado y debe ser sancionado, existen otros en donde se trata de negligencia o descuido y algunos otros que son simplemente un infortunio.
En noviembre de 2018 Yeison López fue sancionado por cuatro años luego de una prueba de doping. Cuenta su entrenador que en tres ocasiones distintas le tomaron muestras para los respectivos exámenes. Primero en Manizales, dos meses después en Cali y luego de otro mes en Tokio. La segunda prueba —la de Cali— fue la única en la que salió un resultado positivo por boldenona, un esteroide anabólico que es comúnmente usado para aumentar la masa muscular. Es una sustancia prohibida durante todo momento en la vida de un atleta activo.
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