
Nicolás Maduro y su camarilla se han salido con la suya. De nada sirvieron las advertencias sobre el nulo interés que siempre tuvo el régimen en respetar la voluntad democrática del pueblo venezolano. Ya se han contado con suficiente detalle las irregularidades cometidas por un gobierno autoritario y criminal, que a pesar de los esfuerzos previos a la elección de países como Colombia, México, Brasil y Noruega, ha decido graduarse con honores como una dictadura plena y madura. Algunos apologistas del crimen siguen afirmando que no se ha probado fraude alguno, y que no se entiende por qué habría que creer que las actas que la oposición ha subido al portal https://resultadosconvzla.com sí son legítimas. Por una parte, porque las casi 25.000 actas incluyen el código QR que así lo certifica, y porque cualquiera puede buscar un acta, consultar los resultados e incluso descargar una copia escaneada.
Esto es mucho más de lo que ha hecho el gobierno de Maduro y el Consejo Nacional Electoral de Venezuela que controla el ejecutivo. El periodista de El País de España Kiko Llaneras explicó en este artículo que el Gobierno no ha entregado las actas de verificación, ni ha ofrecido ningún resultado subnacional. “El CNE no ha publicado el voto ni por municipios, ni por regiones. Solo ese puñado de cifras totales de la primera noche”, que daban ganador a Maduro para luego acusar a la oposición y a Elon Musk (sí, en serio) de haber ordenado un ataque cibernético desde Macedonia del Norte.
A los apologistas del régimen: salir de la duda es muy sencillo, solo se necesita que el régimen cumpla lo que dice la ley venezolana: mostrar las actas, cosa que debe hacer antes de las primeras 48 horas después de la elección. Y acá está el punto central de esta columna: la razón por la que el dictador y los suyos no aceptará lo que diplomáticamente le han pedido Lula, López Obrador y Petro -un escrutinio transparente con conteo de votos, actas y con veeduría de todas las fuerzas políticas de su país y veeduría internacional profesional- es elemental: si lo hace, debe reconocer también que no ganó, que le dieron una paliza monumental y que el fraude que cometieron es el más grande en la sufrida y accidentada historia de América Latina.
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