
Las pretensiones de reconocimiento territorial y de autoridad ambiental deben ser minuciosamente estudiadas, so pena de crear nuevos conflictos. Vuelvo a recordar cómo, desde hace varios años, los resguardos indígenas en Colombia y territorios de comunidades negras vienen siendo objeto de presiones, ya sea por invasores de tierras, dedicados al narcotráfico y minería, así como de ganado, y otros cultivos “legales”. Pero como si fuera poco, en muchos de ellos, se hacen pistas ilegales, trochas, campamentos, zonas minadas, corredores “militares”, de cuanto grupo armado ilegal alberga este país. Claro, si tienen esa presencia, van por los jóvenes, y reclutan, “por las buenas” o por las malas, y se llevan el relevo generacional de la diversidad cultural del país, para convertirlos en “máquinas de guerra” como dijo el señor exministro.
El asunto no para allí, pues, ya no solamente se copan los territorios físicos, sino que se está yendo por el trofeo mayor: la base social y política, acompañada por la autonomía administrativa, financiera y política de los resguardos y territorios colectivos negros. La codicia, por sus recursos, su gobierno propio, sus planes de vida como instrumento de desarrollo territorial, y su independencia, hacen de estos territorios un botín tremendamente apreciado. Y esa codicia, está llevando a un exterminio de cuanto líder indígena o negro, Cabildo, autoridad tradicional, o Asociación de Autoridades Tradicionales, se oponga al dominio de los grupos armados.
Semana a semana, vemos cómo mueren y desaparecen líderes indígenas en todo el país; también líderes de comunidades negras y campesinas. En su gran mayoría, ligados estos homicidios, a la acción de los grupos armados y su “pedagogía del poder”, basada en infundir temor y terror a las poblaciones. Cuando ampliamos el análisis sobre dónde se dan estas acciones de terror, encontramos que están ligadas a las zonas más conflictivas entre grupos armados por la disputa de recursos económicos para la financiación, así como de corredores de movilidad, armada o de economías ilegales, y por la resistencia de las formas organizativas locales. El asunto de la conectividad espacial de los territorios étnicos es vital, pues más allá de la función ecológica, hoy están en la mira de los actores de la guerra que ven en esa conectividad una ventaja estratégica muy apetecible.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios












