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Federico Díaz Granados
Puntos de vista

El mapa de las pesadillas

Hubo un momento en la niñez en que se intensificaron las pesadillas. Me daba miedo que llegara la noche porque estaba seguro de que sería una lucha contra unos fantasmas o monstruos que acechaban en el sueño. Era la certeza de un encuentro con un mundo donde todos los temores afloraban. Siempre estaban a la orden de la nocturnidad aquellos monstruos del closet, de debajo de la cama o gigantes que invadían la alcoba cuando los adultos dormían. Era el momento de la indefensión y en el que debía enfrentar todas esas pesadillas con los pocos recursos del carácter que tenía en esos momentos. Aprendí a dormir con la luz prendida, con la radio sintonizada y más adelante con la televisión encendida. Era mi forma de sentirme acompañado cuando quedaba solo, a merced de la noche y la soledad. También fue ahí que me apasioné por las novelas de aventuras que hacían mas cortas las noches y acercaban el día a gran velocidad.

Algo de aquellos días persiste en mi presente, aunque siento que he ahuyentado a los monstruos quizás con mis desvelos lectores o divagaciones poéticas, ya no aparecen tanto o porque quizás, gracias al psicoanálisis y algunas lecturas freudianas o de Carl Jung, he aprendido a comprender las alertas y alarmas de ciertos signos y símbolos que aparecen en los sueños. A lo mejor porque como dice el gran poeta cubano Eliseo Diego en su microrrelato Fantasmagorías “Desde muy joven -lo confieso- me han gustado los fantasmas. Me apasionaban las historias de sus desventuras. Hoy -lo confieso-, aproximándose la hora de convertirme en uno, ya no me gustan tanto”.

Sin embargo, la pandemia y su estado permanente de peligro y cercanía con la enfermedad y la muerte nos trajo a todos de regreso las recurrentes pesadillas. Durante el apogeo de las cuarentenas muchas personas a lo largo y ancho del mundo informaron sobre un aumento en la frecuencia y nitidez de sus sueños, especialmente de pesadillas. Este fenómeno estuvo relacionado con el incremento de los niveles de ansiedad y estrés derivados de la situación global. Por ejemplo, los trabajadores de la salud, las diferentes autoridades sanitarias y quienes estaban más expuestos al virus cada días reportaron que el aumento de pesadillas se debía al estrés crónico que experimentaron en el día a día, el constante miedo a contagiarse y por las situaciones emocionales intensas que enfrentaron en medio de la presión.

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