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Jorge Espinosa
Puntos de vista

Tormenta perfecta en Ecopetrol

El desastre en Ecopetrol comenzó cuando la entonces ministra de minas y energía, Irene Vélez, aseguró ante el Congreso con cara de seria y una notable seguridad en su ignorancia, que Colombia tendría “garantizadas las reservas de gas hasta 2038 o incluso hasta 2042”. Días antes de esa moción de censura, la viceministra de energía Belizza Ruiz, ella sí una gran experta en el sector, le había advertido privadamente que esos datos no eran correctos, y pidió que se retirara su nombre del informe en el que se basaba Vélez para afirmarlo. “No se sostenía desde el punto de vista técnico”, me explicaría luego Ruiz. Estas declaraciones, que retomaría el presidente Petro desde Davos en el Foro Económico Mundial, fueron tomadas en el sector de hidrocarburos con risas y vergüenza ajena.

Lo que no ha entendido el gobierno del presidente Petro sobre Ecopetrol es que la iguana sigue siendo una compañía de petróleo (y derivados), que se mide en los mercados internacionales con esos parámetros. Por supuesto que todas las petroleras del mundo entienden que deben avanzar en la transición energética, como ejemplo recordar que BP, antes British Petroleum, es desde hace años Beyond Petroleum (más allá del petróleo). Ecopetrol también lo sabe desde antes de que llegara el gobierno del cambio, y existe un plan para incrementar el peso de las renovables en su portafolio. Pero esto no pasará en el corto plazo. Colombia, y su compañía más importante, necesitan nuevos proyectos de exploración para no perder la autosuficiencia energética, no arriesgar un apagón y hacer la transición.

El Gobierno, que es el dueño mayoritario de Ecopetrol, tuvo la oportunidad de hacer un gran negocio, no solo en términos económicos y de sus reservas de gas y petróleo, sino ambientales: el índice de carbono del proyecto era de 8, el promedio de los campos operados por Ecopetrol en Colombia es de 63,9. Con el “Proyecto Oslo”, Ecopetrol compraba un 30% de participación en CrownRock en alianza con Occidental Petroleum, OXY. Dos bancos, JP Morgan y el Citibank, darían 3600 millones de dólares, y casi toda la junta directiva (solo 2 de 7 miembros, Ángela Robledo y Tatiana Roa votaron en contra) y el Comité de Negocios habían votado positivamente por el proyecto. El presidente Ricardo Roa también lo apoyaba. Los argumentos eran claros: Ecopetrol aumentaría 65.000 barriles de crudo por día, pasando de 736.000 hoy, a 801.000. Un aumento del 9 por ciento. Las reservas 1P, las probadas, las que realmente cuentan, subirían también 9 por ciento. El índice de reposición, el elemento más importante de cualquier petrolera, pasaría de 43 por ciento a 126 por ciento.

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