
La carrera va a empezar. Se oye el rugir de los motores en los hangares. Los mecánicos afinan las máquinas, revisan la presión de las llantas, alistan los amortiguadores y alerones. Los pilotos revisan mentalmente las curvas, las posibles trampas y sucias maniobras de sus competidores y anticipan las movidas que podrían garantizar el triunfo. La obsesión que los embarga es llegar de primero a la meta.
En la política colombiana está pasando algo similar. Para los candidatos, precandidatos y aspirantes esperanzados –que anhelan derrotar al Pacto Histórico– parecería que lo único que importa es lograr el triunfo. Son escasos aquellos a quienes les desvela la avalancha de apuros que heredarán de este Gobierno. Primero la victoria y después lo demás, parecería ser la consigna.
Sin duda, es impensable que cualquier campaña sea capaz de derrotar al petrismo sin que se haga suficiente énfasis en los incontables errores y desaciertos del ‘gobierno del cambio’. Hay que desenmascarar las desastrosas consecuencias de las políticas adoptadas, las maniobras oscuras, la corrupción y la forma en que se despilfarró la esperanza de los sectores populares. El material para hacer oposición es abundante y uno se podría regodear haciendo inventarios de todas las barbaridades que se exhiben en la cuenta de Twitter del mandatario o en las declaraciones de sus funcionarios.
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