
“El poder se parece mucho a los bienes raíces. Es sobre todo ubicación, ubicación, ubicación. Mientras más cerca estés de la fuente, mayor será el valor de tu propiedad”. La famosa frase de la exitosa serie House of Cards desentraña la naturaleza simbólica y estratégica del poder, revelando una verdad de a pulso: el poder, además de ejercerse, es toda una puesta en escena. Así, al final de varios episodios y algunas de las primeras temporadas, Frank Underwood se va acercando en cada toma de juramento del presidente de turno al atril central. En esa puesta en escena todos sonríen al borde del cuadro con plena conciencia de que son testigos y protagonistas de ese poder.
A partir de esa premisa de House of Cards observé, con la misma preocupación de muchos, la foto de la tercera fila a la derecha del atril presidencial en la Rotonda del Capitolio de Washington el pasado 20 de enero. Detrás de la familia de Donald Trump aparecían, juntos, Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos y Sundar Pichai y, un poco más atrás, Tim Cook, Shoui Zi Chew y Sam Altman. Todos ellos más cerca de la fuente de la que hablaba Underwood. El asunto no tendría tanta relevancia si no se tratara de los dueños de los territorios digitales donde habitamos los pobres mortales: X, Tesla y SpaceX, Meta, Amazon, Google, Apple, Tik Tok y OpenAI, respectivamente. La foto nos muestra que detrás del presidente de los Estados Unidos están los dueños de nuestros datos, quienes controlan y administran nuestras consultas, compras, búsquedas, redes sociales y, por ende, nuestras emociones que solo ellos pueden manipular a través de los algoritmos. Esa foto es la promesa del futuro, una declaración de principios del nuevo orden mundial y de esa “nueva oligarquía” de la que habló Joe Biden en su discurso de despedida. Al rato, Musk hizo un gesto nazi desafiante. “Son los tiempos”, diría el bueno de Abundio en Pedro Páramo.
La imagen los muestra no solo como epicentro del poder, sino como los confidentes, los consiglieres del nuevo jefe de la familia. Ellos saben que controlan algo más grande que la política, que es tan solo un canal para las grandes transacciones. Por eso se ha afirmado que llegar a los cargos de poder no es otra cosa que conquistar la cima de los negocios y eso, más en nuestros días, va más allá de las ideologías. En la foto están los hombres más poderosos del planeta, los que tienen las chequeras más llenas y además los dueños de nuestros datos más esenciales. Por eso está todo servido para que echen a rodar la bola y tracen las coordenadas de una forma de ejercer el poder. Muchos hablan de una nueva derecha o un neofascismo, pero está naciendo algo diferente, con redes digitales a su disposición, con radicalismos que exterminan cualquier opción crítica. Nace también una nueva estética y simbología cultural.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios












