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Gabriel Silva Luján
Puntos de vista

Feliz Año, 2026

A medianoche del 31 de diciembre, en todo el mundo se abrazan las familias, los amigos, los parientes y aún los extraños que se entrelazan fraternalmente con la esperanza de un futuro mejor. Todos ellos se desean fervientemente que el año que se inicia llegue cargado de bendiciones y bondades. Que el 2025 traiga bienaventuranza y alegrías para todos

En Colombia el ambiente fue distinto. Ocurrió algo paradójico. Más que desearnos eufóricamente grandes cosas para el año que se inicia, nos abrazamos pidiendo que ojalá el entrante no sea tan grave. En vez de hacer grandes planes, soñar con viajes y asumir desafíos para los doce meses siguientes, el reiterado deseo de la mayoría de los ciudadanos es que ojalá el 2025 transcurra ligero y llegue pronto lo más pronto, el 2026.

En muchos sentidos, el 2025 se está descontando como un año perdido, un puente inexorable que toca cruzar para llegar a una transición democrática que deje atrás este periodo presidencial a cargo del Pacto Histórico. La esperanza de un cambio de rumbo con Petro se ha desvanecido. Los cambios del gobierno del cambio no han cambiado nada. Las políticas del petrismo no han resuelto los problemas, sino más bien han agravado los desafíos heredados. Además, el Gobierno ha creado adversidades estructurales que exigirán esfuerzos monumentales para poderlas superar.

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