
El aumento de 9.5 por ciento del salario mínimo para 2025 ha sido rechazado por los gremios y muchos economistas con conocidos argumentos: que presiona la inflación, que fomenta el desempleo y la informalidad o que afecta la competitividad de las empresas. Desde la otra orilla se argumenta que mayores salarios aumentan la capacidad de compra de los trabajadores y, por lo tanto, las ventas y la producción de las empresas, con lo cual se genera más empleo.
Como en la economía no hay verdades absolutas, ambos argumentos pueden ser ciertos o falsos, dependiendo de las circunstancias y, sobre todo, de la reacción de los demás agentes económicos.
Los salarios no determinan la inflación
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