Ir al contenido principal
David Colmenares
Puntos de vista

El amor como política de lo posible

En las últimas columnas he escrito sobre un mismo recorrido: primero, aprender a amarme para no romperme; después, amar a los otros y a lo que hago para no consumirlos ni consumirme.

Este es el tercer acto de ese camino: el amor a mi país.

Porque si no me amo, no puedo amar a otro.
Y si no amo al otro, tampoco puedo amar a mi país.
El amor no salta directo a la bandera: se aprende en el cuerpo y en los vínculos.
Cuando no habita lo que hacemos, lo que hacemos termina por vaciarnos.
Algo parecido le está pasando a Colombia:
se va rompiendo lentamente,
vaciándose poco a poco,
hasta que lo común empieza a parecernos ajeno
y el futuro, asunto de otros.

Regístrate para seguir leyendo

Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales