En Sincelejo, la reestructuración que la Alcaldía hizo este año no buscó eficiencia ni modernización. Fue una arquitectura de control diseñada para blindar a los familiares en la nómina y aumentar el salario del alcalde. Cada decreto, cada nombramiento y cada firma respondió a una misma lógica, la del apellido que manda.
Vamos por partes. Desde el 1° de enero de 2024, cuando el señor Yahir Acuña Cardales asumió como alcalde de esa ciudad, la administración municipal se convirtió en un laboratorio de empleos temporales, contratos de confianza y favores cruzados. En lugar de reducir la burocracia, la multiplicó; en lugar de corregir la ineficiencia, la organizó jerárquicamente.
La Alcaldía de Sincelejo creó 434 cargos temporales por 12 meses, otros 93 con vigencias de siete y nueve meses y la bicoca de 58 puestos permanentes adscritos directamente al despacho del alcalde. Uno que otro asesor. En los documentos se habla de “plantas transitorias de apoyo”, pero en la práctica fueron la base de un sistema de lealtades.
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