
Dos horas, muchas palabras y casi ninguna respuesta concreta. La entrevista de Petro con Coronell reveló no al estadista, sino a una persona irreflexiva que se niega a escuchar.
Por: Luis Alberto Arango
El pasado lunes 20 de octubre se emitió la entrevista del periodista Daniel Coronell al presidente Gustavo Petro. La conversación terminó siendo una clase magistral de evasión. Lo que debía ser un diálogo acabó convertido en sermón: Coronell preguntaba; Petro predicaba. Durante dos horas y seis minutos, el presidente ocupó el 86 por ciento del tiempo. Habló mucho, pero no dijo nada.
Muy pocas preguntas recibieron respuestas concretas. La mayoría fueron evadidas entre divagaciones ideológicas, referencias históricas y extensos pasajes sobre los tres últimos siglos de Colombia. Más que una entrevista, fue una transmisión en vivo de exhibicionismo ideológico y retórico, sin edición y sin espacio para la claridad.
Durante buena parte de la entrevista, el mandatario movía con sus manos un lápiz amarillo escolar, de esos con borrador rosado que ya hacen parte de su escenografía pública. Lo giraba sin ritmo, como si buscara inspiración o tratara de acompasar sus palabras con el pensamiento. Ese pequeño objeto, convertido en amuleto y gesto, pareció condensar su estilo: una mezcla de cálculo, distracción y necesidad de reafirmarse ante la cámara.
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