
Veo en redes sociales una felicidad inconmensurable por las dificultades que atraviesa Verónica Alcocer, a quien muchos en este país odian incluso más que al propio presidente de la República, que ya es mucho decir.
Oigo a importantes analistas justificar de cualquier modo el impagable precio que está pagando ella por un crimen que no cometió. Porque, la verdad, narcotraficante no es. Podrán odiarla mucho, podrá parecerles cualesquiera de los epítetos que han usado para señalarla, el que quieran, pero traficante de drogas, o terrorista o lavadora de plata, pues no, así todos sus odiadores sean expertos penalistas que tienen más que clara la tipicidad, la antijuridicidad y la culpabilidad de la señora Alcocer en las conductas arriba descritas.
Acabo de escribir como abogado. Perdón.
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