En Colombia, algunos corruptos creen que sus escándalos tienen fecha de vencimiento. Que basta con dejar pasar unos meses, cambiar de escenario y colgarse una escarapela distinta para que la memoria colectiva se fatigue. Que el tránsito del desastre al Congreso es solo una cuestión de calendario.
El señor Alexander Angulo Ordóñez parece pensar exactamente eso. Después de aparecer mencionado en uno de los episodios más turbios de la historia reciente de los escándalos, el de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), hoy anuncia su candidatura al Congreso de la República, como si el tarjetón fuera una amnistía moral, o el elector un borrego sin memoria.
No se trata de una opinión nueva ni de un ataque improvisado. En junio de 2024, esta columna documentó, con contratos, certificaciones y reportes oficiales, cómo un funcionario clave dentro de la estructura de contratación investigada por el desfalco ocurrido durante este Gobierno en la UNGRD, no cobraba su salario mientras orbitaba alrededor de los procesos donde se perdieron billones de pesos. Los hechos están escritos. Los documentos existen. Las preguntas siguen sin respuesta.
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