La foto parecía una broma. Una comparsa cuidadosamente vestida, con sombreros idénticos, chaquetas recién compradas y maletas de ruedas que contrastaban con el supuesto arraigo rural que la Agencia de Desarrollo Rural (ADR) quería proyectar como imagen institucional. Al centro, una bandera de Colombia extendida como telón, sostenida con precisión por varios de los viajeros, completaba la escena.
Un retrato que parecía más pensado para un afiche de feria turística que para representar a miles de familias campesinas. La imagen, divulgada como símbolo de la delegación que asistiría a la Exposición Internacional de Importaciones de China, en Shanghái, mostraba un grupo heterogéneo donde campesinos se mezclaban con funcionarios, contratistas y acompañantes disfrazados de tradición. Era folclor empaquetado para exportación: la bandera sin la patria, el sombrero sin el campo, la ruana sin el frío y una foto sin realidad.
Pero lo más revelador no estaba en el vestuario coordinado ni en la bandera desplegada, sino en la composición misma del grupo. Entre los supuestos representantes del campesinado apareció el señor Miguel Ángel Aranguren Ortiz, técnico de asistencia de la ADR y conductor personal del presidente de la ADR, César Pachón. Su presencia, disfrazada de representación campesina, abría una pregunta inevitable: ¿cómo está pagando la ADR estas delegaciones?
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios













