
Pese a las promesas de renovación, la historia se repite. Cada cuatro años, los partidos —salvo algunas excepciones— arman sus listas al Congreso apostándole a los dueños de las maquinarias y los clanes políticos. Demostrando que lo único que les interesa son los votos, sin importar el costo.
Esta semana conocimos los nombres de los aspirantes a ocupar una curul en el Senado y la Cámara de Representantes. No hubo sorpresas: barones políticos intentando conservar o aumentar su poder; investigados o con procesos pendientes ante la justicia y herederos de la parapolítica.
El Partido Conservador —una de las mayores fuerzas políticas en las pasadas legislativas— se queda sin Efraín Cepeda, pero se la juega por el reencauche de viejas figuras como el huilense Hernán Andrade, quien llega a reclamar la curul que estaba ocupando su hermana Esperanza Andrade. “No se pueden perder más de 30 años de este clan; además, yo era casi un senador en la sombra, pues a mi hermana muchas personas no la reconocían como tal”, le dijo el exsenador a esta columna.
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