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Rodrigo Botero

Un cuarto de siglo se cierra… ¿Y ahora?

Un cielo azul de lado a lado se observa en las mañanas, cada vez más frías en la Sabana de Bogotá. Hacia las montañas del oriente, la bruma proveniente de los incendios forestales de la Amazonía y Orinoquía nos indica que el verano ya “cogió punto”, y lo que se deforestó está listo para meterle candela y hacer potreros. Esta pequeña ventana de observación se da en medio de grandes cambios globales, como el registro de nuevos picos de temperatura global, o la interrupción de las corrientes submarinas del Ártico y el enfriamiento europeo, y la aparición de ciclones extratropicales como el de Brasil en el último mes, con su devastador paso.

La agenda climática global entra, a la brava, en un proceso de revisión que quedó sellado en la COP 30, donde ya pudimos observar cómo la financiación y las metas se van direccionando hacia la adaptación, y donde cada país deberá asumir prioritariamente sus propios mecanismos de financiamiento, pues la corresponsabilidad de los grandes emisores está bloqueada por la postura del actual Gobierno de Estados Unidos y el estatus de China como “país en desarrollo”, lo cual pone a los dos más grandes emisores del planeta fuera de la ecuación de la financiación climática.

Las señales de la reactivación petrolera son inequívocas, y hacen parte de este nuevo panorama mundial, donde los Estados Unidos se juegan una apuesta estratégica, que sentimos muy de cerca con su posición en Guyana (el mayor yacimiento de petróleo descubierto recientemente) y su interés en “retomar” el petróleo de Venezuela, con su intervención militar y política. Por el lado de la minería, la presión sobre el oro sigue imparable, y ya la onza se encuentra por encima de los 4.000 dólares (con un aumento de más del 100 por ciento en los dos últimos años), y aquí en Colombia el Banco de la Republica compra cada gramo en más de 500.000 pesos. Grandes inversiones en minas de oro en Perú, Ecuador y Colombia –o las de litio en Argentina, Bolivia y Chile– son solo un pequeño ejemplo de esta guerra económica mundial entre el petrodólar –el gran Dorado– y los minerales de transición, protagonizada por los Estados Unidos, China (y los BRICS), Europa y los árabes. Por el lado de la producción de alimentos, la demanda mundial también crece, a la par del aumento demográfico y la capacidad adquisitiva de grandes poblaciones en el mundo. Carne, aceite, cereales y otras fuentes para alimentación humana y animal seguirán siendo una demanda constante sobre la cual los países tropicales especialmente, tendrán una posibilidad.

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